El joven Samuel servía al SEÑOR en presencia de Elí.

La palabra del SEÑOR escaseaba en aquellos días, las visiones no eran frecuentes.

Y aconteció un día, estando Elí acostado en su aposento

(sus ojos habían comenzado a oscurecerse y no podía ver bien ),

cuando la lámpara de Dios aún no se había apagado y Samuel estaba acostado

en el templo del SEÑOR donde estaba el arca de Dios,

que el SEÑOR llamó a Samuel, y él respondió: Aquí estoy.

Entonces corrió a Elí y le dijo: Aquí estoy, pues me llamaste.

Pero Elí le respondió: Yo no he llamado, vuelve a acostarte. Y él fue y se acostó.

El SEÑOR volvió a llamar: ¡Samuel! Y Samuel se levantó, fue a Elí y dijo: Aquí estoy,

pues me llamaste. Pero él respondió: Yo no he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte.

Y Samuel no conocía aún al SEÑOR, ni se le había revelado aún la palabra del SEÑOR.

El SEÑOR volvió a llamar a Samuel por tercera vez. Y él se levantó, fue a Elí y dijo:

Aquí estoy, pues me llamaste.

Entonces Elí comprendió que el SEÑOR estaba llamando al muchacho.

Y Elí dijo a Samuel: Ve y acuéstate, y si El te llama, dirás: "Habla, SEÑOR,

que tu siervo escucha." Y Samuel fue y se acostó en su aposento.

Entonces vino el SEÑOR y se detuvo, y llamó como en las otras ocasiones:

¡Samuel, Samuel! Y Samuel respondió: Habla, que tu siervo escucha.

Y el SEÑOR dijo a Samuel: He aquí, estoy a punto de hacer una cosa en Israel

la cual hará retiñir ambos oídos a todo aquel que la oiga.

.....

Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del SEÑOR.

Y el SEÑOR se volvió a aparecer en Silo; porque el SEÑOR se revelaba a Samuel en Silo por la palabra del SEÑOR.





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